Hace 6.000 años, en territorios de la actual Rumania, Moldavia y Ucrania, floreció la cultura Cucuteni-Trypillia, una sociedad que desafiaba las normas urbanas de la época. Conocidos por sus megasitios de hasta 3.000 viviendas, estos asentamientos, comparables en tamaño al Central Park de Nueva York, albergaban las mayores concentraciones humanas del período neolítico.
Lo más sorprendente de esta civilización es la ausencia de jerarquías sociales. Sus comunidades igualitarias carecían de palacios, templos y tumbas de élite, y las viviendas eran uniformes, sin distinción entre ricos y pobres. Este modelo urbano, centrado en la cooperación, desafía las teorías tradicionales que asocian las grandes ciudades con el control de élites gobernantes.
Investigaciones recientes han revelado que estas sociedades se sostenían mediante la agricultura, la ganadería y la caza, con una dieta en la que la carne representaba solo el 10% del consumo. A pesar de su aparente prosperidad, la cultura Cucuteni-Trypillia desapareció tras dos milenios de desarrollo, dejando preguntas sin respuesta sobre su legado.
Para algunos investigadores, estos asentamientos representan evidencia de que una organización urbana igualitaria es posible, destacando un modelo de convivencia que contrasta con las primeras ciudades de Mesopotamia y Egipto. ¿Un caso único o un llamado a repensar nuestras raíces urbanas?
