Bubbles, el chimpancé que acompañó a Michael Jackson durante la cúspide de su carrera, vive hoy alejado del espectáculo mediático en el Centro de Grandes Simios de Florida, un santuario especializado donde permanece desde hace casi dos décadas. Con 42 años, su historia refleja la transición de una vida de lujo y exposición pública a un entorno pensado para su bienestar y seguridad.
Nacido en un laboratorio a finales de los años 70, Bubbles fue adoptado por Jackson a principios de los 80. Durante años residió en el rancho Neverland en California, donde dormía en su propia cuna y vestía ropa similar a la del artista. Participó en giras internacionales, actos públicos y sesiones fotográficas, convirtiéndose en un ícono de la excentricidad del cantante.
El vínculo cambió cuando Bubbles alcanzó la madurez y su fuerza física dificultó su mantenimiento como mascota. En 1993, Jackson decidió trasladarlo a un centro especializado en Port St. Lucie, Florida. Al principio, el chimpancé mostró timidez y dificultades para relacionarse con otros ejemplares, especialmente hembras. Con el tiempo, se adaptó a la nueva rutina, más cercana a su comportamiento natural.
Hoy, Bubbles lleva una vida tranquila, lejos de los flashes y los escenarios, y se ha convertido en un ejemplo de cómo los animales exóticos requieren cuidados especializados cuando ya no pueden permanecer en entornos domésticos.

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