Rusia está a punto de alcanzar el millón de bajas militares desde el inicio de su invasión a gran escala contra Ucrania en febrero de 2022. Las cifras, basadas en estimaciones ucranianas y servicios de inteligencia occidentales, indican que Moscú pierde cerca de 1.000 soldados por día entre muertos y heridos.
Estos números, superiores a los de cualquier guerra rusa desde la Segunda Guerra Mundial, son resultado de tácticas de desgaste y ataques masivos sin reparar en pérdidas humanas. Según expertos, el Kremlin ha transformado la tragedia en estrategia: mientras Ucrania lucha por su supervivencia, Vladimir Putin ha implementado una política de “movilización de mercado”, ofreciendo contratos con salarios altos y compensaciones millonarias a soldados y sus familias.
Las bajas de Rusia se estiman en 250.000 muertos y cerca de 750.000 heridos. Para mantener sus líneas, necesita reclutar entre 30.000 y 40.000 soldados al mes. Mientras tanto, la sociedad rusa parece aceptar el costo: el 88 % aprueba que otros combatan a cambio de beneficios económicos.
Esta “deathonomics” se traduce en casas nuevas y autos modernos en pueblos pobres. Para muchos, el sacrificio vale la mejora económica. Pero la gran incógnita es cuánto tiempo más resistirá este contrato social basado en dinero, propaganda y dolor.

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